Durante 130 años, el kilogramo fue un solo trozo de metal
Hasta 2019 el kilogramo no era una definición sino un objeto: un cilindro reluciente de platino e iridio, del tamaño de una ciruela, guardado en una caja fuerte cerca de París bajo tres campanas de vidrio anidadas. Cualquier otro kilogramo de la Tierra era, en el fondo, una copia suya. El problema era que su masa variaba en cantidades minúsculas que nadie lograba explicar del todo, así que el mundo redefinió el kilogramo en torno a una constante inmutable de la física y jubiló discretamente aquel pequeño trozo de metal.