El ámbar es la herida de un árbol, congelada por eras
El ámbar no es savia sino resina, el fluido espeso que un árbol exuda para sellar heridas y atrapar invasores. A lo largo de decenas de millones de años, la resina pierde sus aceites volátiles y se endurece hasta volverse fósil. La mayor parte del ámbar báltico se remonta a unos 44 millones de años atrás, cuando vastos bosques que rezumaban resina cubrían el norte de Europa. Una sola pieza puede conservar un instante anterior a los primeros primates.