Las primeras fotos se revelaban con vapor de mercurio
Sobre una placa de cobre plateado, la cámara deja una imagen que no puedes ver. Para revelarla, se sostiene la placa sobre una taza de mercurio calentado a unos 60-80 C; el vapor se adhiere solo donde incidió la luz y va formando una amalgama escarchada de plata y mercurio. El resultado es un espejo único, sin negativo: inclínalo y la imagen salta entre positivo y sombra. El proceso se anunció en enero de 1839.