La primera cerilla se encendió por accidente, en 1826
Un químico inglés que mezclaba una pasta para encender fuego raspó su varilla de mezclar recubierta contra la chimenea de piedra, y estalló en llamas. Convirtió el accidente en la primera cerilla de fricción vendida al público, hacia 1827, como astillas de madera con punta de clorato de potasio y sulfuro de antimonio. Nunca la patentó, diciendo que el público sencillamente debía tenerla, así que otros copiaron y rebautizaron la idea en pocos años.