Estos jarrones se pintaron con fuego, no con pigmento
El negro y el naranja de un vaso griego antiguo nunca fueron pintura: son la misma barbotina de arcilla cocida tres veces en un solo horno. Al dejar entrar aire a unos 800°C, toda la pieza se vuelve rojo óxido. Se sellan los respiraderos y se añade madera verde a unos 950°C, asfixiando el oxígeno hasta que la barbotina se funde en un negro vítreo. Luego se vuelve a dejar entrar aire mientras se enfría, y la arcilla desnuda recupera su rojo mientras la barbotina sellada sigue negra. Los alfareros atenienses dominaron esto hace 2,500 años; la receta se perdió y no se volvió a descifrar hasta el siglo XX.