Una jaula de alambre es lo único que evita que esta lámpara explote
La lámpara de minero de Humphry Davy, de 1815, rodea su llama con una fina malla de alambre. El metal extrae el calor de la llama más rápido de lo que el fuego puede avanzar, así que, aunque se filtre metano explosivo y se encienda dentro, la llama no puede volver a salir a través de la malla hacia el gas que llena la mina. Esa misma llama hace también de detector: en aire malo le crece un alto penacho azul, advirtiendo al minero de que debe salir.