Un pulpo percibe la luz con la piel
La piel del pulpo lleva las mismas proteínas sensibles a la luz, las opsinas, que recubren sus ojos. Ilumina un trozo de piel de pulpo aislada y las células de color se abren solas, sin ayuda de los ojos ni del cerebro: más rápido bajo la luz azul, el color que llega más hondo en el mar. La piel no forma una imagen nítida, pero nota los cambios de brillo, como si todo el animal estuviera espolvoreado de ojos.