Su arcoíris nace de esferas de vidrio, no de pigmento
Un ópalo precioso no lleva ningún tinte. Su fuego viene de millones de esferas microscópicas de sílice, de apenas unos 150 a 300 nanómetros de ancho cada una, apiladas en una rejilla tridimensional regular. Esa rejilla tiene justo el espaciado necesario para curvar la luz visible, así que descompone la luz blanca en destellos de color en movimiento. Es un cristal fotónico natural, y el tamaño de las esferas decide qué colores ves.