Ocho cosas que mantienen tu ropa en su sitio

DC·70 Deep Cuts
Una mala hierba pegada a un perro inventó este cierre

Una mala hierba pegada a un perro inventó este cierre

Tras un paseo por los Alpes en 1941, un ingeniero suizo no dejaba de arrancar frutos de bardana de su pantalón y de su perro, y le picó tanto la curiosidad que puso uno bajo el microscopio. Lo encontró erizado de minúsculos ganchos que se aferraban a cualquier lazo de tela o pelo. Le costó años copiar el truco en tejido, patentado en 1955; el nombre que le dio une las palabras francesas para terciopelo y gancho.
La cremallera tardó treinta años en funcionar de verdad

La cremallera tardó treinta años en funcionar de verdad

Un primer cierre de ganchos presentado en la Exposición Universal de Chicago de 1893 se atascaba y se abría de golpe sin parar. Hubo que esperar hasta 1913 a que Gideon Sundback diera con el diseño que funcionaba: filas de dientes engarzados que una cuña deslizante junta y separa diente a diente. Hasta el nombre llegó tarde: una empresa de calzado se lo puso a unas botas de goma en 1923 por el sonido «zip» que hacían.
El imperdible nació para saldar una deuda

El imperdible nació para saldar una deuda

En 1849 el inventor estadounidense Walter Hunt tenía que devolver una deuda de unos quince dólares. Jugueteando con un único trozo de alambre de unas ocho pulgadas, lo retorció hasta formar un alfiler con cierre en apenas unas horas: la espiral de un extremo hacía de muelle y una guarda ocultaba la punta afilada. Vendió la patente de golpe por unos cuatrocientos dólares y nunca tocó la fortuna que llegó a generar.
Los botones son antiquísimos; el ojal no

Los botones son antiquísimos; el ojal no

Hace cinco mil años ya se llevaban botones, pero solo como adorno; el más antiguo que se conoce es una concha tallada del valle del Indo. Durante casi toda la historia la ropa se sujetaba con alfileres, broches y cordones. El ojal, que convirtió el botón en un cierre de verdad, no llegó a Europa hasta el siglo XIII, y con él vino la ropa entallada y ajustada que por fin podía abrocharse por delante.
La punta de plástico de tu cordón tiene nombre

La punta de plástico de tu cordón tiene nombre

Ese tubito prensado en cada extremo de un cordón se llama herrete. Cumple dos tareas discretas: ata las fibras del cordón para que no se deshilachen y endurece la punta hasta convertirla en una especie de aguja para que el cordón se deslice fácil por los ojales. La palabra viene de un antiguo término francés que significa agujita, que es justo en lo que convierte el extremo blando del cordón.
El broche que hace clic esconde un resorte diminuto

El broche que hace clic esconde un resorte diminuto

El botón a presión que cierra una chaqueta de un chasquido lo patentó un inventor alemán, Heribert Bauer, en 1885, pensado al principio para pantalones de hombre. En realidad son dos discos de metal: un saliente redondeado en un lado y un casquillo en el otro que guarda un resorte doblado. Los aprietas y el resorte se abre justo lo necesario para tragarse el saliente y luego lo sujeta con fuerza, dando ese clic seco que le da nombre.
El botón de un abrigo se apoya en una patita oculta

El botón de un abrigo se apoya en una patita oculta

Mira el botón de un abrigo y a menudo no tiene agujeros en la cara. En su lugar tiene un vástago, un pequeño aro hueco en el reverso por el que se cose el hilo. Ese aro levanta el botón unos milímetros sobre la tela, dejando un hueco para que la gruesa tela del otro lado pueda meterse por debajo al abrocharlo. Los botones de camisa prescinden del vástago y quedan planos, cosidos directamente por dos o cuatro agujeros.
Millones de botones salían perforados de conchas de río

Millones de botones salían perforados de conchas de río

Hacia 1900 un pueblo a orillas del Misisipi, Muscatine, en Iowa, se convirtió en la capital mundial del botón perforándolos de conchas de mejillón de agua dulce. Los obreros hincaban sierras tubulares en la concha iridiscente para sacar discos redondos, que luego se lijaban, perforaban y pulían hasta dar botones nacarados. En su apogeo el pueblo producía bastante más de mil millones de botones al año, hasta que los bancos de mejillones quedaron esquilmados.
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