Una luciérnaga casi no desperdicia calor
Una llama o una bombilla desperdicia casi toda su energía en forma de calor. Una luciérnaga hace lo contrario: casi toda la energía de su reacción luminosa se convierte en luz, no en calor. Mediciones cuidadosas de laboratorio sitúan la eficiencia en torno al 96 por ciento, frente a menos del 10 por ciento de una vieja bombilla incandescente. Por eso puedes sostener una luciérnaga encendida en la mano y no sentir nada. El resplandor aparece cuando una enzima oxida una molécula llamada luciferina, liberando la energía casi por completo como una fría luz verdosa.