Su arcoíris es solo una capa de óxido
Los colores deslumbrantes de un cristal de bismuto no son el metal en sí, sino una película de óxido más fina que una pompa de jabón. Al enfriarse, el bismuto fundido forma una capa de óxido microscópica, y la luz que rebota en esa piel interfiere con la que rebota en el metal de debajo, dividiéndose en colores que dependen únicamente del grosor de la película. Los fabricantes sellan los cristales con barniz para fijar el arcoíris en su sitio.