El aluminio no se oxida: se cura solo
El aluminio es en realidad un metal muy reactivo, y aun así no se corroe como el hierro. En cuanto una superficie nueva toca el aire, le crece una piel de óxido de aluminio de apenas 2 a 5 nanómetros de grosor —miles de veces más fina que el papel—, densa, dura y que sella el metal. Ráyalo y el metal desnudo que queda debajo se cubre de óxido nuevo en un instante. El óxido del hierro se desprende y sigue comiéndose el metal hacia dentro; la armadura invisible del aluminio se repara sola y se detiene.