Ocho cosas que pueden hacer los ojos y oídos de un búho

DC·136 Deep Cuts
Una oreja del búho está más alta que la otra

Una oreja del búho está más alta que la otra

Los oídos de una lechuza común no están a la misma altura. La abertura del oído izquierdo se sitúa más arriba en el cráneo y apunta ligeramente hacia abajo; la del derecho está más baja y apunta hacia arriba. Ese desajuste hace que un sonido llegue a cada oído en momentos y volúmenes algo distintos según venga de arriba o de abajo, de modo que el búho puede ubicar un ruido no solo de izquierda a derecha, sino también de arriba abajo. El cerebro funde ambas señales en un mapa preciso del espacio construido enteramente con sonido.
Un búho puede atrapar a su presa en plena oscuridad

Un búho puede atrapar a su presa en plena oscuridad

En una sala sin un solo rayo de luz, una lechuza común aún caza un ratón, guiada solo por el oído. En experimentos clásicos realizados por primera vez en 1958, los búhos atrapaban no solo ratones, sino también una bola de papel arrugado arrastrada con un cordel, en completa oscuridad; si se les tapan los oídos, fallan. Localizan la dirección de un sonido con un margen de uno o dos grados —el oído direccional más fino medido en animal alguno— y no se lanzan sobre un sonido que no reconocen.
Los búhos no pueden mover los ojos, así que giran la cabeza

Los búhos no pueden mover los ojos, así que giran la cabeza

Los ojos de un búho no son esferas que giran: son tubos alargados, fijados en su sitio por un anillo de hueso llamado anillo esclerótico. Esos ojos inmóviles le dan una visión frontal enorme y potente, pero ninguna forma de mirar de reojo. Para mirar alrededor, el búho gira toda la cabeza, y puede rotarla hasta unos 270 grados —tres cuartos de una vuelta completa—, gracias a un cuello de 14 vértebras, el doble de las siete que tienes tú.
Girar la cabeza así debería provocarle un derrame al búho

Girar la cabeza así debería provocarle un derrame al búho

En un humano, torcer el cuello con violencia puede desgarrar las arterias que alimentan el cerebro y desencadenar un derrame. El búho lo hace sin parar y queda tan campante. Unas imágenes médicas de 2013 revelaron por qué: los canales óseos que llevan las arterias del cuello son holgados, lo que deja que los vasos se retuerzan sin pellizcarse; pequeños vasos de conexión redirigen la sangre si una vía se acoda; y unas bolsas en la base del cráneo acumulan una reserva de sangre, manteniendo irrigado el cerebro hasta en el giro más brusco.
Esos penachos 'de oreja' no tienen nada que ver con oír

Esos penachos 'de oreja' no tienen nada que ver con oír

Los penachos puntiagudos de un búho real o de un búho chico parecen orejas, pero son solo plumas, llamadas plumícornios. Las orejas de verdad son ranuras ocultas entre las plumas a los lados de la cara. Los penachos cumplen otras funciones: erguidos y en punta, rompen la silueta del ave contra la corteza, de modo que un pájaro posado parece una rama partida; y su posición transmite el estado de ánimo a otros búhos, casi como cejas alzadas. Solo unas 50 de las 225 especies de búhos del mundo los tienen.
Este búho oye ratones a través de un palmo de nieve

Este búho oye ratones a través de un palmo de nieve

El cárabo lapón, con el disco facial más grande de todos los búhos, caza topillos que excavan túneles bajo la nieve invernal que no puede ver. A la escucha desde una percha, localiza un topillo de oído y se lanza, atravesando una costra lo bastante firme como para sostener a una persona adulta y arrebatar a su presa hasta unos 45 centímetros de profundidad. La nieve curva el sonido que sube y desplaza el blanco aparente varios grados, así que, justo antes de golpear, el búho se queda suspendido batiendo las alas para fijar la posición real.
Los búhos escupen los huesos de su cena

Los búhos escupen los huesos de su cena

Un búho suele tragarse la presa entera, pero no puede digerir huesos, pelo, dientes ni plumas. Esas partes se juntan en la molleja y se compactan en una pulcra egagrópila que el búho regurgita —a menudo en menos de un día— antes de poder volver a comer. Los naturalistas aprecian estas bolas: al deshacer una sola se encuentran los esqueletos diminutos y completos de las últimas comidas del búho, lo que la convierte en un registro perfecto de lo que ha estado comiendo el ave y, con ella, el ecosistema local.
Un búho no puede enfocar lo que tiene bajo el pico

Un búho no puede enfocar lo que tiene bajo el pico

Los ojos del búho están afinados para la distancia y la luz tenue, hasta tal punto que el ave no puede enfocar nada a unos pocos centímetros de su cara. La presa atrapada entre sus propias garras es una mancha borrosa. Para manejarla, el búho se fía del tacto: unas plumas rígidas y cerdosas alrededor del pico y unas filoplumas finas como pelos en la cara y las patas hacen de bigotes, palpando la captura que los ojos no pueden ver. Una vista de largo alcance soberbia, pagada con una ceguera casi total de cerca.
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