Ocho cosas que los animales saben gracias a sus bigotes

DC·102 Deep Cuts
Una foca ciega sigue a un pez que pasó hace 30 segundos

Una foca ciega sigue a un pez que pasó hace 30 segundos

Los bigotes de una foca común no son simples antenas: leen la estela arremolinada que deja un pez. Con los ojos vendados y los oídos tapados, la foca engancha ese rastro hidrodinámico y lo sigue hasta 40 metros, incluso medio minuto después de que el pez haya pasado. La superficie ondulada del bigote anula el zumbido de su propio nado, así que solo le llega la turbulencia de la presa.
Cada bigote tiene su propio rincón reservado en el cerebro

Cada bigote tiene su propio rincón reservado en el cerebro

Una rata 'barre': mueve sus bigotes de un lado a otro de 5 a 25 veces por segundo para palpar el mundo como nosotros lo ojeamos con la vista. El mapa es asombrosamente preciso: en la corteza táctil del cerebro, cada bigote tiene su propio grupo de células, un 'barril'. Quita un bigote a una rata joven y su barril se encoge. La cuadrícula de barriles copia el hocico al detalle, un barril por pelo.
Un manatí siente con todo el cuerpo, no solo con la cara

Un manatí siente con todo el cuerpo, no solo con la cara

Los manatíes son casi lampiños, pero están cubiertos de miles de cerdas sensoriales: unas 2.000 solo en la cara y otras 1.500 por cada lado a lo largo del cuerpo. Las gruesas cerdas faciales funcionan como dedos: el manatí puede abrirlas para agarrar y explorar una planta, una maniobra que los biólogos llaman oripulación. Cerca de 110.000 fibras nerviosas alimentan este sentido del tacto repartido por todo el cuerpo.
Los bigotes están muertos: el tacto ocurre en la raíz

Los bigotes están muertos: el tacto ocurre en la raíz

Recortar un bigote no duele, porque el largo tallo es queratina inerte, la misma proteína muerta que el pelo, sin nervios propios. Funciona como una palanca. En su base está el complejo folículo-seno, una cápsula llena de sangre repleta de mecanorreceptores: la raíz de un solo bigote puede llevar bastante más de cien fibras nerviosas que se disparan al menor doblez o giro del tallo de arriba.
Una morsa encuentra almejas a oscuras con 700 bigotes

Una morsa encuentra almejas a oscuras con 700 bigotes

En el fondo marino sin luz del Ártico, la morsa caza al tacto. Su bigotera lleva de 400 a 700 vibrisas rígidas, cada una conectada a un denso haz de nervios, que barren el fango para distinguir una almeja enterrada de un guijarro. No cava con los colmillos: sella los labios contra la concha y succiona al animal con un vacío tan potente que las morsas en cautividad han arrancado la pintura de las paredes.
Las ratas topo se orientan en los túneles con los bigotes del cuerpo

Las ratas topo se orientan en los túneles con los bigotes del cuerpo

Casi ciega, la rata topo desnuda lee su madriguera negra como boca de lobo con bigotes repartidos por todo el cuerpo: unos 40 a cada lado, dispuestos en cuadrícula. Roza solo uno y el animal gira al instante el hocico hacia ese punto exacto, un mapa táctil incorporado de las paredes de su túnel. Estos pelos del cuerpo están conectados más como bigotes faciales que como pelaje corriente.
El mamífero más pequeño mata al tacto en 1/30 de segundo

El mamífero más pequeño mata al tacto en 1/30 de segundo

La musaraña etrusca pesa menos que una moneda y aun así es una de las cazadoras más rápidas que se conocen. En la oscuridad barre sus bigotes unas 14 veces por segundo, y en cuanto uno roza a la presa ataca en apenas 25 a 30 milisegundos —más rápido de lo que tardas en parpadear—, reconociendo la forma de un insecto con un solo toque, todo en un cerebro unas 20.000 veces más pequeño que el nuestro.
Tu gato tiene bigotes ocultos en la parte de atrás de las patas

Tu gato tiene bigotes ocultos en la parte de atrás de las patas

Mira la parte de atrás de la pata delantera de un gato, justo encima de la almohadilla, y encontrarás un pequeño mechón de pelos rígidos: los bigotes carpianos. Los gatos son présbitas y no pueden enfocar lo que tienen justo bajo el morro, así que estos bigotes de la pata palpan a la presa atrapada entre sus garras: notan si todavía forcejea y dónde morder exactamente, aun cuando el gato no puede verla.
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