Lee el libro entero — sin releer ni una palabra.
La atención relee cada palabra frente a todas las demás; el doble de texto, el cuádruple de trabajo. Pero hay otra vía. Lleva un único estado vivo —un resumen pequeño y fijo— y mezcla en él cada palabra nueva sobre la marcha. Sin mirar atrás, sin una rejilla que crece. El coste se mantiene plano, por larga que sea la página. La pregunta pasa a ser: ¿qué merece guardarse?