Profundiza lo suficiente y la señal estalla en silencio — o se apaga.
Una red profunda pasa su señal por capa tras capa. Cada una multiplica y suma, y los pequeños desequilibrios de escala se acumulan: para la décima capa, algunos números se han disparado y otros se han encogido casi a nada. Alimentada con ese desorden desigual, la capa siguiente no logra asentarse y el entrenamiento se atasca. El arreglo es casi de limpieza: antes de pasar la señal, enjuágala de vuelta a una escala sensata y estándar — cada capa, cada paso.