Dos escritorios, un tratado, y solo uno se ahoga
Dos traductores comparten el tratado del río. Marek es rápido de manos y a las nueve campanadas va en cabeza. Al mediodía se ahoga: cada vez que llega una frase nueva, vuelve atrás y relee cada página que ya terminó, para asegurarse de que la línea nueva concuerda con todas. Nera, en el escritorio de al lado, responde a cada frase nueva en un respiro sereno — y no ha releído una sola página en toda la mañana. Su secreto no está en su escritorio. Cuelga de la pared, justo encima.