Dos aprendices, una maestra, dos asientos muy distintos
La maestra de retratos toma dos aprendices la misma primavera. A Tomas le da lo que sueña cualquier alumno: uno de sus retratos terminados cada semana, para copiarlo hasta que la mano obedezca. A Noor le da un taburete bajo junto a su mesa de paleta y una sola instrucción — mírame mezclar. Tres años después, uno de los dos pinta con un criterio que a la maestra le costó treinta años. No es el que sostiene las obras maestras.