Un miembro nuevo, y el escribano palidece
El consejo del valle guarda una regla sagrada: antes de hablar, cada cual debe escuchar en privado a todos los demás miembros. Doce miembros, mañanas de parejas murmurando, decisiones en las que todo el valle confía. Entonces una decimotercera aldea pide entrar — una voz más entre doce — y el viejo escribano que organiza las audiencias palidece. ¿Por qué un solo recién llegado iba a asustar a nadie?