Nadie le enseñó música — solo un juego
A la mejor música de la corte nunca le enseñaron una regla de música. De niña, su maestro le impuso una sola disciplina extraña: él tocaba canciones — cientos, luego miles — y antes de que sonara cada nota siguiente, ella debía adivinarla. Después llegaba la nota verdadera y la juzgaba. Ni nombres de acordes, ni leyes de armonía. Solo adivinar, oír y equivocarse. ¿Cómo pudo ese juego formar a esta intérprete?