Quinientos cuencos, una lengua, una hora
En la cocina real, un caldero de cobre más alto que un niño hierve a fuego lento para los quinientos invitados de esta noche. Antes de que suenen los cuernos, la catadora debe responder una sola pregunta: ¿más sal o no? El único veredicto que de verdad cuenta es la olla entera — y ella no puede beberse la olla. ¿Qué puede decir honestamente una sola cucharada sobre quinientos cuencos?