Nadie planea la colina, y la colina llega igual
A la hora de cerrar, Rosa desliza los panes del día en una pared de ranuras estrechas — los más ligeros a la izquierda, los más pesados a la derecha, una ranura por peso. Da un paso atrás. Los panes recortan una colina suave: gruesa en el centro, fina en los bordes. La misma colina que ayer. La misma que el invierno pasado. Nadie pesa la masa según un plan. Entonces, ¿quién la sigue dibujando?