Una cuerda corta para recordar cinco millas de noche
Teodor recorre la muralla de la ciudad desde la puerta del ocaso hasta la puerta del alba — cinco millas, doscientos puestos de guardia — y al amanecer el capitán le pedirá el estado de toda ella. No puede llevar nada que sus manos no atiendan a oscuras: una cuerda corta y anudada al cinto, y nada más. Doscientos puestos. Una cuerdecita. ¿Cómo va a bastar?