Ambos barcos promedian noventa minutos. Elige
Mara tiene una sola mañana para cruzar el estrecho: su hermana se casa al mediodía en la otra orilla. Dos transbordadores, dos capitanes, la misma tarifa, y el capitán de puerto no ayuda: ambos promedian exactamente noventa minutos, medidos sobre años de travesías. Números idénticos. Pero el viejo estibador que enrolla cabos en el muelle se ríe de ella. 'El mismo promedio, muchacha. No la misma apuesta.' ¿Qué querrá decir?