Una red entrenada es casi todo relleno. El ganador ya estaba al nacer.
Entrena una red gigante y podrás tirar casi toda. Enterrada en sus números iniciales aleatorios había una subred diminuta que, por sí sola, podría haber aprendido toda la tarea. Como un bombo de lotería: caen miles de bolas, y la rara bola dorada ya era dorada desde el principio: entrenar no construye al ganador, encuentra el boleto que ya tenía suerte.