Inunda su primera palabra con una atención que nunca lee.
Observa adónde mira un modelo y lo sorprenderás vertiendo un torrente de atención sobre su primera palabra, una palabra que casi nunca aporta nada. No es un fallo. Como un pararrayos: instala una punta inofensiva para recibir el rayo, y así la tormenta pasa sin destrozar lo demás. El modelo guarda un sitio donde tirar la atención que no necesita.