Enséñale lo que preferimos, sin árbitro ni prueba y error.
Para inclinar un modelo hacia lo que la gente quiere, la receta habitual es una máquina de Rube Goldberg. La Direct Preference Optimization tira esa máquina. Dale pares —esta respuesta gana a aquella— y una sola función de pérdida limpia convierte la preferencia directamente en un modelo mejor. Sin juez aparte que entrenar. Sin aprendizaje por refuerzo que vigilar. Directo desde la fuente.