Nuestros trucos más ingeniosos, hechos a mano, siempre pierden ante la pura escala.
Durante setenta años se repite un mismo patrón. Integramos a mano nuestro conocimiento más trabajado en un sistema — y gana, por un tiempo. Luego llega un método más simple, con más cómputo detrás, y lo supera por mucho. Como un campeón derribado: el juego cuidadoso y ajustado a mano del favorito cae ante algo que solo miró más adelante. La lección duele — y se cumple una y otra vez.