Tira tres de cada cuatro bits: apenas lo nota.
Un modelo entrenado son miles de millones de números largos y exactos. La cuantización redondea cada uno a otro mucho más tosco —de dieciséis bits a cuatro— y aun así responde casi igual. Como un bonsái: la silueta entera de un gran árbol, guardada en una fracción de la madera. La ventaja es real: un modelo que llenaba un servidor ahora cabe en una fracción del hardware.