Para crear una imagen, parte de pura estática.
Todo generador de imágenes choca con el mismo muro: un millón de píxeles que deben concordar a la vez. Los modelos de difusión lo esquivan con una jugada extraña: parten de una pantalla de pura estática aleatoria y la van quitando, poco a poco, hasta que aparece una imagen que nadie ha visto jamás. Lo primero que aprendieron no fue a crear. Fue a destruir.