Uno cuenta una docena prolija; los números del otro no
El posadero está orgulloso de su tarro de guijarros: uno por cada huésped, y noche tras noche la cuenta cae cerca de una docena — una colina cómoda y previsible. Le dice al bardo de paso que todo en el mundo se apila así. El bardo vacía su propio tarro, un guijarro por cada canción que le pidieron, y este se niega a formar colina alguna.