El doble de texto, cuatro veces el trabajo.
El don de la atención es que cada palabra puede sopesar a todas las demás: por eso entiende tan bien el contexto. Y ahí está la trampa. Dale el doble y no trabaja el doble; trabaja cuatro veces más. La mirada que lo ve todo se cobra al cuadrado, y ese precio es el muro invisible detrás de cada 'ventana de contexto'.