Sus mejores lectores eran también sus alumnos más altos
Cada trimestre el maestro del pueblo lleva su recuento, y cada trimestre dice lo mismo, asombroso: cuanto más alto el niño, mejor lee. Los altos vuelan por las páginas; los bajos tropiezan. El patrón es limpio, fuerte, repetible. Y empieza a preguntarse — si pudiera hacer a sus alumnos más altos, ¿leerían por fin?